Los trolls peludos de la suerte

Los trolls peludos de la suerte son los muñecos más feos que he visto en mi vida. Sin duda obra de algún adorador de Satán o de Ramoncín.
Hoy, documentándome lo mínimo posible para la entrada, me he enterado de que estos engendros horripilantes aparecieron primera vez en los 60, de la mano de un tal Thomas Dam. Un leñador danés que se inspiró en una tradición del folklore escondi-navo (calzoncillo en danés, creo).
Estos muñequitos sonrientes, de ojos saltones, cabellera al viento y colores capaces de derretir tus pupilas, se fabricaban originalmente en madera. No me quiero ni imaginar de donde sacaban el pelo en los tiempos en los que no existía el cabello sintético.
Llegaron a alcanzar un gran éxito a nivel mundial durante la década de los 60, propiciado por las revistas “Life” y “Time“, que aseguraban que traían buena suerte. El hecho de que las dos tuvieran presuntamente acciones de la empresa de Dam, debió influir en algo, digo yo.
En los 70 desaparecieron del mercado, pero volvieron con más fuerza a finales de los 80, fabricados ya en plástico. Estos son los que la mayoría de nosotros conocemos.
En mi casa, mis hermanas tenían todo un ejercito de trolls apestosos de estos. Recuerdo que siempre me reía de ellas por coleccionar una cosa tan nauseabunda. Les quemaba el pelo (de los trolls), los dejaba sin brazos, sin dedos… Pero ellas siempre me decían: Tu si que eres feo, y el He-man y el Skeletor ese más todavía.
Cuanta razón en una sola frase.




