Magia Borrás
Qué niño de los 80 no fue obsequiado con este “magnífico” regalo?
Situación: Día 6 de enero de 1985. Tu en la cama despierto desde la 6 de la mañana, esperando oír el más mínimo ruido proveniente del salón, para saltar de la cama y abalanzarte sobre las montañas de regalos que te habrían dejado los Reyes Magos, porque habías sido muy “bueno”. Oyes el primer ruido a eso de las nueve y ya no aguantas más. Sales al salón y la ves. Una caja enorme que resalta entre las demás mierdecillas. Rompes el papel y ahí está: El Mágia borrás. Tu mirada se ilumina, ya te ves haciendo el trilero por la calle, timando a tus amigos con juegos de cartas marcadas, actuando para tus vecinos y familiares en la verbena del barrio a cambio de dinero, rodeado de Mamachicos…
La emoción inicial pronto daba paso a la triste realidad. En cinco minutos descubrías que hacer magia creíble con aquello era muy complicado y requeriría mucha práctica. Eso por no hablar del tocho-manual-de-instrucciones que traía. ¿Qué niño de ocho años querría leerse un tomo de la enciclopedia británica manual para aprender a hacer un simple truco que hasta un niño de tres años descubriría, escupiéndote a la cara? Yo por lo menos no y siendo fiel a mi filosofía, no aprendí a hacer ni un sólo truco. Con dos cojones.
Señores creadores del Mágia borrás, un niño lo que quiere es abrir la caja y empezar a hacer magia, no leerse la biblia para sacar un ramo de flores de una varita de mierda.
La caja traía otros conocidísimos trucos como El Caballo Misterioso que se realizaba con una baraja (quién no conoce este famoso juego), las Pirámides Mágicas, un truco parecido al que utilizan los trileros en la calles, la Baraja agujereada, La Botella y el tubo y la Huevera y el Huevo, donde donde se hacía desaparecer un huevo más falso que los ojos de Espinete.
Os dejo un vídeo donde se puede apreciar el daño que Magia Borrás puede hacer en una persona deficiente mental.

