Stick gems o pegatinas de silicona

Hace unos días, una colaboradora me enseñó lo que veis en la foto de arriba. Parecían ser pendientes falsos, de estos que no necesitan agujero por que van pegados.
Recuerdo vagamente una época, hace muchos, muchos años, donde los chicos que querían parecer duros y modernos como Ramoncín, pero a los que sus padres no permitían agujerearse las orejas (si, hubo un tiempo donde los padres tenían autoridad), llevaban pendientes de estos de pega.
No recordaba nada más a parte de eso, pero esta chica y una amiga se encargaron anoche de recordarme la verdadera historia de las pegatinas de gel.
Resulta que por la época donde las cartitas y sobres con olor, hacían furor entre las jovenzuelas, surgió una moda paralela en la que se trataba de ver quién era capaz de coleccionar más pegatinas orchas1 como las que se ven en la imagen de arriba. Claro, con ese eslogan “La moda tope güai” quién no va a querer tenerlas todas y así ser el más güai de todo E.G.B2.
Por lo visto, se dedicaban a pegárselas por todos lados, desde la ropa, la cara, como pendientes falsos, en el entrecejo para parecer indias, en las carpetas, en las libretas, para taparse los granos, etc… En definitiva, las podían pegar en cualquier superficie limpia y seca como por ejemplo, en una compresa. Había muchos modelos diferentes y se las intercambiaban como si fueran cromos.
Yo las únicas pegatinas de gel de estas que he visto, son más modernas, a veces las regalan con las chucherías y desde luego, a nadie se le ocurre pegárselas en la cara y salir a la calle.
¿Alguien recuerda algo de esto?
Notas aclaratorias:

Ya hemos hablado por aquí alguna vez de esas modas que aparecían de la nada en los barrios españoles, y que se extendían por la ciudad como la pólvora, en cuestión de milisegundos.
Nuevo mensaje para los millones de seguidores de Retroyonkis:
Hoy me ha llegado al correo un forward de mierda de esos que casi todo el mundo borra sin ni siquiera abrirlo. Yo, como agradezco el esfuerzo que se toma la gente en abrir un correo, leerlo, pensar que es gracioso y que tambien lo será para toda su lista de contactos, y reenviarlo, pues al menos los suelo mirar.


