Tecnología retro
Hoy, para variar, no tengo mucho tiempo de escribir, así que os dejo un vídeo donde salen cacharros muy retro. A ver si sois capaces de verlos…
Seguro que os ha gustado más que las tonterías que escribo normalmente.
Hoy, para variar, no tengo mucho tiempo de escribir, así que os dejo un vídeo donde salen cacharros muy retro. A ver si sois capaces de verlos…
Seguro que os ha gustado más que las tonterías que escribo normalmente.
Hace unos meses os hablé de la colección de camisetas RetroGames de Imprenta Digital Plus. Fantasmas del Pac-Man, monedas del Mario Bros, naves del Space Invaders, logos de Atari, Msx, Sinclair, Commodore… Todos esos iconos de la cultura popular plasmados en tu camiseta.
Hoy os traigo 4 nuevas joyas que añadir a la colección. Basadas el mítico Bubble Bobble, os harán recordar esas tardes de Fortuna y recreativo con Bub y Bob, la pareja (gay?) de dinosaurios aficionados a las pompas de jabón.
Las tienes por 10 € cada una en Imprenta Digital Plus.


Los trolls peludos de la suerte son los muñecos más feos que he visto en mi vida. Sin duda obra de algún adorador de Satán o de Ramoncín.
Hoy, documentándome lo mínimo posible para la entrada, me he enterado de que estos engendros horripilantes aparecieron primera vez en los 60, de la mano de un tal Thomas Dam. Un leñador danés que se inspiró en una tradición del folklore escondi-navo (calzoncillo en danés, creo).
Estos muñequitos sonrientes, de ojos saltones, cabellera al viento y colores capaces de derretir tus pupilas, se fabricaban originalmente en madera. No me quiero ni imaginar de donde sacaban el pelo en los tiempos en los que no existía el cabello sintético.
Llegaron a alcanzar un gran éxito a nivel mundial durante la década de los 60, propiciado por las revistas “Life” y “Time“, que aseguraban que traían buena suerte. El hecho de que las dos tuvieran presuntamente acciones de la empresa de Dam, debió influir en algo, digo yo.
En los 70 desaparecieron del mercado, pero volvieron con más fuerza a finales de los 80, fabricados ya en plástico. Estos son los que la mayoría de nosotros conocemos.
En mi casa, mis hermanas tenían todo un ejercito de trolls apestosos de estos. Recuerdo que siempre me reía de ellas por coleccionar una cosa tan nauseabunda. Les quemaba el pelo (de los trolls), los dejaba sin brazos, sin dedos… Pero ellas siempre me decían: Tu si que eres feo, y el He-man y el Skeletor ese más todavía.
Cuanta razón en una sola frase.
En Retroyonkis, cuando nos da por un tema, podemos llegar a ser muy pesados. Hoy vamos a continuar hablando del maravilloso mundo de los llaveros con ruiditos.
Como os conté ayer, un niño plasta con un llavero de estos en las manos, es el blanco perfecto de las collejas del resto de individuos de la manada. Pero ¿Qué pasaría si el llavero en cuestión no emitiera ruidos aberrantes, sino el maravilloso sonido de las vidas extras del Mario Bros?
Pues que el poseedor de ese maravilloso objeto mágico se convertiría automáticamente en un ídolo de masas. Incluso, si no fuera una persona demasiado desagradable, podría aspirar a perder la virginidad. Pagando por adelantado, por supuesto.
La cuestión es que ese llavero mágico existe, emite los sonidos de coger una moneda, inicio de fase, vida extra, salto de Mario, transformación de Mario pequeño a Mario gordo y el de la muerte calina.
Aquí tenéis un vídeo del llavero en plena acción. Hay que decir que algunos de los sonidos no son lo que se dice de alta fidelidad, pero por algo menos de 6 pavos no se le puede exigir mucho más.
Podéis tirar vuestro dinero hacer vuestra inversión aquí.
La misión principal de un niño, su objetivo en la vida, su meta a alcanzar, lo que tiene que hacer para verse realizado como persona es… dar el máximo por culo posible.
Molestar a tope hasta ganarse una hostia bien dada, a mano abierta. Sólo así podrá transformarse en una persona de provecho. Al menos así nos convertimos en ciudadanos de pro la mayoría de nosotros. A base de hostias más que merecidas.
El tiempo que pasaba desde que comenzabas a joder, hasta que te daban el primer aviso de guantazo y hasta que te cruzaban la cara, dependía de la paciencia de los adultos a tu alrededor y de las herramientas empleadas.
Una herramienta que acortaba ese tiempo a su mínima expresión era el llavero con ruiditos. Era tocarlo unos segundos y, como por arte de magia, te empezaban a llover sopapos.
El llavero era tecnología china, de ínfima calidad, y disponía de una serie de teclas de colores. Cada tecla, al ser pulsada, emitía sonidos aberrantes, ligeramente parecidos a una metralleta, a un rayo láser, a una bomba, a una sirena o a un helicóptero.
No se cómo llegó este llavero a mi casa, lo que se es que el día que me lo llevé al colegio, la maestra no tardó ni 2 minutos en darme una hostia y quitármelo para siempre.
Supongo que iría a parar a ese cajón que tienen todos los maestros, lleno de las cosas que nos arrancaban de nuestras inocentes manitas. Tirachinas, llaveros de ruiditos, cerbatanas, clicks de Famobil, petardos…
Volviendo al llavero, poco más que añadir. Funcionaba con pilas de botón, y no conozco a nadie al que le durara tanto en las manos como para agotarlas.
Pensándolo bien, tampoco conozco a nadie que lo usara como llavero…