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23
Dic
2008

Los gusanos de seda

Engendrado por Retroyonki a las 2:18
9 Comentarios

gusanos_de_seda

Una semana eran las canicas, otra el Magia Borrás, otra el paracaidista de plástico… Pero de pronto, en medio de aquella vorágine de modas pasajeras, aparecía alguien con una caja de zapatos con la tapadera agujereada e instauraba una nueva y extraña tendencia: La cría del gusano de seda.

Todo comenzaba cuando algún amigo cabrón te daba una hoja de morera llena de bolitas quitinosas color gris oscuro. Esto normalmente ocurría poco antes de la primavera. Tu pensabas, bah, de aquí no va a nacer nada, seguro que están muertos. Pero un buen día, cuando ya casi te habías olvidado del tema, te da por mirar la caja con la tapa agujerada y ahí están. Millones de gusanitos blancos de unos 3 mm de longitud mirándote con cara de pena y pidiéndote su dosis diaria de alimento…

Aquí es donde te acordabas de los muertos de tu amigo el cabrón por la maldición que te había pasado, y comenzaba tu odisea. Lo primero era localizar una Morera, ya que los gusanos estos son un poquito mamones y sólo comen hojas de ese árbol. Que digo yo que no podían comer hojas de olivo o de lechuga que hay a montones, no, tenían que ser de Morera. ¿Alguien sabe como cojones es una Morera?

Cuando por fin tenías localizado un árbol de estos que no estuviera ya saqueado, había que subirse a coger la hojas o hacer que ellas bajaran. Yo normalmente optaba por lo segundo pero aquí cada uno tenía su técnica. La mía era darle palos hasta que se rindiera y soltara algunas hojas. Luego volvía a casa, las echaba en la caja y los gusanos se las tragaban en una pequeña fracción del tiempo que había tardado yo en conseguirlas.

Así día tras día, hasta que a los 25 días, después de 4 mudas de piel y órganos, los gusanos alcanzaban por fin los 8 cm de longitud y estaban a punto para comenzar a tejer su capullo. Después de comerse 3 millones de veces su peso, haberte echo dar más vueltas que Willy Fog y haber escuchado a tu madre 3000 veces decirte que tiraras la mierda esa de los bichos, llegaba el día D. Los gusanos dejaban de comer (cosa que no era nada normal después de haberse zampado 6 ó 7 árboles en 1 mes), se ponían gordos, de color caramelo y empezaban a soltar un líquido asqueroso por la caja.

Al otro día ya no había gusanos. En su lugar te encontrabas con unas bolas amarillentas, llenas de pelos, pegadas por todo el interior de la caja.

Dentro del capullo ocurrían cosas extrañas e incomprensibles para un niño, pero al cabo de 2 semanas, tenías la caja llena de unos bichos parecidos a mariposas que no podían volar. Algunas incluso se habían hecho muy amigas y juntaban sus culos para demostrarlo (eso era lo que yo pensaba pero resulta que lo que hacían era crear gusanitos nuevos, o sea, fornicar).

A los pocos días la caja se llenaba de bolitas de color amarillento que se iban oscureciendo poco a poco, dando lugar a un nuevo comienzo de la maldición del gusano de seda. Cada bicho ponía entre 400 y 500 huevecillos y después la palmaba. Ese solía ser un día muy triste para mí.

Ya sólo quedaba guardar la caja en algún lugar fresco y seco y esperar a la primavera siguiente para pasar la maldición a algún incauto amiguete.

Y vosotros, ¿Habéis criado alguna vez gusanos de estos? ¿Os han pasado alguna vez la maldición? O es que en mi pueblo somos muy raros.

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Etiquetas: gusanos de seda, hojas de morera, maldicion, moda

17
Nov
2008

Chorizos legendarios

Engendrado por Retroyonki a las 19:27
2 Comentarios

¿Quien no ha tenido el honor de ser atracado por algún chorizo famoso de su barrio, pueblo o ciudad?

Donde yo vivo recuerdo 3 de estos seres capaces de desplumarte antes de que pestañearas y luego desaparecer como fantasmas.

El primero de ellos y el más viejo era el Pompa. Este era uno de esos yonkis típicos de los 80, brazos como un colador, ropa sucia, 60 kg de peso, todo huesos, pero con una velocidad de ataque sobrehumana. Su arma preferida era la navaja llavero o el cuchillo de untar mantequilla. Si lo piensas bien, un cuchillo de esos sin punta y con 30000 clases de bacterias no conocidas por la ciencia, es el arma perfecta para intimidar a un niño.

Su modus operandi era de lo mas directo: Dame todo lo que tengas o te rajo. Te podía dejar sin nada en menos de 1 minuto y desaparecer por los callejones sin dejar rastro alguno. Un día dejó de actuar y solo quedó de él el recuerdo y la frase “Cuidado que viene el Pompa!”.

El segundo de ellos era el Canana. Este era bastante más joven que el Pompa, pero no por ello menos letal. De aspecto físico eran parecidos, pero el canana no usaba armas para sus ataques. Usaba algo mucho más efectivo: Su increíble inteligencia y que era capaz de meterse en cualquier agujero por donde le entrara la cabeza.

Un amigo mío,  al que llamaré bonifacio para preservar su intimidad, que tuvo el honor de ser engañado por este astuto delincuente, me contó cómo se lo hizo. Fue en la calle que llevaba al antiguo cine del pueblo. Empezó pidiéndole 5 duros. Cuando Bonifacio le dijo que no tenía nada, el astuto Canana pensó que lo estaba engañando, que seguro que iba al cine y que al menos llevaría 20 duros para la entrada. Entonces se saca 4 monedas de 5 duros del bolsillo y le pide a mi incauto amigo bonifacio que se lo cambie por una moneda de 20. Mi amigo cae en la trampa y saca una moneda de 20 del bolsillo. El Canana se la quita con un ágil movimiento de muñeca y le dice: No te iba a atracar, pero como me has engañado te quedas sin nada. Que crack!

Por último, os hablaré del Yudiser o yudi para los amigos. Este es al que más conocí porque estaba en el colegio conmigo. En aquella época era un tío normal, bastante cabezón, pero normal. No fue hasta unos años después del colegio, cuando se le podía ver por las calles intentando atracar.

Digo intentando porque no creo que consiguiera intimidar a nadie lo suficiente como para quitarle la pasta. Su arma preferida era la pseudo navaja o navaja imaginaria. Te pedía pasta, y cuando le decías que se pirara, que no le ibas a dar nada, se llevaba la mano al bolsillo trasero, a su navaja imaginaria y decía “que te pincho, eh, que acabo de salir del talego”. Alguna vez le di algo, por lástima más que nada, pero había días que, o bien no tenías nada para darle, o no te apetecía, y entonces se iba gritando “me he quedao con tu cara, ya te cogeré”. Era entrañable.

Su vida terminó el día que pensó que era capaz de saltar desde el tejado de un edificio, hasta una farola cercana y descolgarse por ella hasta el suelo, para así evitar a la policía que le seguía. Evidentemente terminó repellado contra el suelo y muerto en el acto.

Y vosotros, ¿Qué maleantes de vuestra infancia recordáis?

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Etiquetas: atracadores, chorizos, el vaquilla, maletantes

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