Juegos callejeros legendarios
Hubo un tiempo, no demasiado lejano, en el que los niños podíamos jugar en la calle sin miedo a que nos atropellara un coche, a que nos rondara un pederasta o a pincharnos con una jeringuilla.
Era una época en la que estar en la calle con tus amigos era tu forma de vida y lo peor que podía pasarte, es que te castigaran sin ese privilegio por alguna travesura sin importancia.
Muchas de esas horas volaban con juegos como el trompo, Los cromos de fútbol, las canicas, el yoyó, o una bolsa con un Click de Famobil amarrado a modo de paracaidista de plástico.
Pero había otras veces en las que no había nada a mano para jugar y era entonces cuando echábamos mano de un arsenal de juegos, la mayoría bastante absurdos, en los que para jugar no hacía falta nada de nada, excepto imaginación y ganas de quemar azúcar.

Hoy os voy a hablar sobre el juego más decepcionante, triste y absurdo que pobló cada cuarto de los juguetes en los 80. El Tragabolas.
¿Lleva gafas? ¿Tiene bigote? ¿Tiene pelo? Si alguna vez tienes la oportunidad de viajar al pasado y te encuentras con dos niños, uno sentado frente al otro, haciéndose este tipo de preguntas, con un tablero lleno de imágenes grotescas de seres parecidos a humanos… Seguramente estarán jugando al Quién es quién (Adivina Quién en Hispanoamérica y Guess who en Wisconsin).
Volvemos a la carga con un clásico de la era pre-consolas: Los juegos de agua.
Los supervivientes de los 80, sólo con el título de la entrada ya deberíais saber de lo que os voy a hablar. Por lo tanto no hace falta que sigáis sufriendo, podéis dejar de leer.



