El conejito de la suerte
El Conejito de la suerte es un mítico juego de corro de los 80 pensado con un único y malévolo objetivo. Arrimar la cebolleta (en sentido figurado).
Hubo un tiempo remoto, donde eso de quedar con alguien para liarte, usando el Messenger, Facebook, Tuenti, Inforchat, Sms… era algo complicado, porque aún no habían sido inventados. Algunos, los más jóvenes, pensaréis que aquello era el infierno. Pero ya os digo yo que no.
Por aquellos años era muy común ver seres humanos de corta edad, correteando por la calles. Además, por increíble que parezca, no iban acompañados de un adulto preparado por si se rozaban la rodilla o se golpeaban levemente la cabeza, ir corriendo a urgencias y luego a denunciar a alguien por aquel ultraje.
En aquel contexto, era fácil que algún avispado menor con las hormonas ya maduras1, dijera aquello de “Juguemos al conejito de la suerte“.
Al momento, nos colocábamos en círculo, agarrados de la mano (ahí yo ya me empezaba a poner nervioso) y se comenzaba a cantar la coplilla que acompañaba al juego.
La mecánica era muy sencilla, pero muy difícil de explicar. A ver si lo consigo:
Supongamos que estamos ya en círculo y que tengo a mi izquierda a la Laurita y a mi derecha al Joseba. Entonces el Joseba golpea mi mano derecha (colocada sobre su mano izquierda) con su mano derecha, yo golpearía la mano derecha de la Laurita (colocada sobre mi mano izquierda) con mi mano derecha y la Laurita seguiría la sucesión de palmadas con quien tuviera a su izquierda… Lo sé, me he explicado como el culo, pero, qué cojones, todos sabéis como se juega al Conejito de la suerte…
La letra de la coplilla variaba de un pueblo a otro, incluso de un barrio a otro, pero el final era el mismo siempre. Os dejo la letra, totalmente surrealista, que usábamos por aquí y luego os sigo contando.
Al Conejito de la suerte
que vino esta mañana
a la hora de partir
haciendo reverencias
con cara de vergüenza
¡Tú besarás al chico o a la chica que te guste más!
En el momento de terminar la canción, el último chico o chica que hubiera recibido la palmada, tenía que darle un beso a la chica o chico que le gustara más, con las consiguientes risillas tontas del personal allí presente. Normalmente los besos eran de chico a chica o de chica a chico, todavía no estaba muy de moda eso de ser gay.
Ahora os voy a presentar a un nuevo colaborador del Blog. Se llama Dj Retro y nos va a amenizar las entradas que traten sobre canciones infantiles o música. En esta ocasión, como debut, se ha ido a un colegio y ha obligado a unos inocentes niños a cantar el Conejito de la suerte y a tocar una increíble versión adaptada a los nuevos tiempos.
Os dejo la versión original tal y como la cantábamos nosotros (pulsa play):
Audio clip: Adobe Flash Player (version 9 or above) is required to play this audio clip. Download the latest version here. You also need to have JavaScript enabled in your browser.
Si preferís descargarla click aquí.
La increíble versión adaptada y con música original de Dj Retro (pulsa play):
Audio clip: Adobe Flash Player (version 9 or above) is required to play this audio clip. Download the latest version here. You also need to have JavaScript enabled in your browser.
Si preferís descargarla click aquí.
Nota: Si os apetece pegarle una paliza a Dj Retro por explotar a unos inocentes menores, recordad que vive en mi imaginación. Para hacerle daño a él, me tenéis que golpear a mi, y ¿No queréis hacer eso verdad? ¿Verdad?…
Nota 2: Gracias a Chicle Cosmos por sus maravillosos coros en la versión con música. Costó, pero al final, después de 12 horas, lo conseguimos. ¡Besitos gordos!
Nota para modernos: Hay un grupo en Facebook de admiradores del Conejito de la suerte. ¿A qué esperas para unirte?
Nota para padres sobreprotectores: No, no es vuestro hijo el que canta o toca en las grabaciones. Es más, ni siquiera son niños de verdad, por lo menos en apariencia.
Notas aclaratorias:- Con los huevos negros, que se dice en mi tierra. [↩]


Hubo un tiempo en el que un niño podía ir al campo a jugar y no tenía que recorrer 30 kilómetros para hacerlo. Antes de que se llenara todo de edificios y asfalto, en casi todos los barrios había algo parecido a un descampado (jardín, casa abandonada, solar…) donde ir de “caza”.
Tirachinas: Pero no los tirachinas esos de precisión que venden en las armerías, os hablo del auténtico tirachinas de plástico como el de la imagen. Más auténtico aun era el tirachinas casero fabricado con el alambre de un somier y una goma de las cajas de zapatos.
Tapaculos: También conocido como garbanceru, tiragarbanzos o soplamocos. Este simple pero efectivo artilugio era capaz de lanzar cualquier cosa que le entrara dentro, desde garbanzos, piedras, bolas de hierro… Consistía en un globo y una botella cortada. No veas como picaba si te alcanzaban en el culo.
Cerbatana: Un simple tubo y una bolita de papel ensalivado, balines de plomo… Con la experiencia descubrías que cuanto mas larga la tenías (la cerbatana), más alcance y daño causaba. Se podía hacer con cualquier cosa: un
Matalagartijas: Sin duda mi favorito por su precisión y alcance. Se construía con un listón de madera, dos pinzas de tender la ropa, una goma y 2 clavos. 15 minutos de tiempo de fabricación, horas y horas de diversión asegurada. Estupendo manual para fabricar uno
Dardos: Estos se podían comprar en el kiosco ya hechos o te los podías hacer tu mismo que era más divertido. Sobre todo si estabas castigado sin salir. Se contruye con materiales muy comunes: Una aguja, 4 mondadientes, pagamento, hilo y cartón para las aspas. Manual de construcción
Electrocutor: Este era bastante divertido si era usado contra humanos. Consistía en sacar de un encendedor automático el mecanismo que produce la chispa. Si le enchufabas eso al cuello de alguien, no veas que salto daba. Además podías electrocutar a través de pomos de puertas, alambres, vallas, porterías de fútbol sala…
Lanzallamas: Este era un poco peligroso si no tenías cuidado, era propenso a volverse contra ti y chamuscarte las cejas. Consiste en un mechero y un bote de spray de laca, mata cucarachas o lo que sea. Enciendes el mechero y le disparas a la llama, justo lo que dice el bote que nunca debes hacer.




